No es nada, no es nadar, es nadear.
Al contrario que nadando, nadeando te ahogas.
Eres una sirena varada en las rocas.
Eres una bulímica sin ganas de vomitar.
Te dejas el alma en casa y ni siquiera pasas a recogerla.
O se te cae al suelo, y olvidas que debes volverla a guardar.
Eres bruma en verano.
Eres algo roto que alguien olvidó arreglar.
¿Para qué?
Vas de paquete en un maletero cualquiera.
Eres la cornisa en la ventana, a la que se agarra el suicida y decide no saltar.
Y si suena el teléfono? Noooo.
La apatía gana a las ganas. Estás partida. No sabes llorar. Las lágrimas, si caen, caen con desgana, no se molestan ni en mojarte la cara.
Las horas se vuelven ceniza, como mates
(y matan poco a poco)
Ya no queda de esa cosa que se llamaba…¡cómo se llamaba?
Ilusión…
y vuelta a la carga.
Una semana nadando
Seis nadeando
Así cómo vas a flotar.