Seamos sinceros, desde el Bel Ami de Maupassant hasta Peter Fallow en la Hoguera de las Vanidades, todos los periodistas que han llegado lejos en la historia de la literatura(y ésta suele reflejar de forma bastante fidedigna la realidad) mantienen una conducta inmoral y desvergonzada. Son invariablemente mentirosos, ladinos, arrogantes... el paradigma del cinismo, vaya.
Así pues, mientras en la facultad nos abruman con la idea de la honestidad y rigurosidad como elementos indispensables para hacer buen periodismo, en mi cabeza va formándose una imagen nítida de mi futuro a medio plazo. Gracias a toda esa honradez, me veo de panoli chupatintas redactando obituarios o prediciendo el horóscopo en un periódico regional hasta el fin de los días.
No se trata de que mi actitud haya cambiado a causa de las opiniones de los profesores, no. Se trata de que para bien o para mal, vengo así de fábrica. No sé mentir y no tengo lo que coloquialmente se conoce como 'morro'. Si acaso, soy de esas de las que se dice 'es que de buena, es tonta'. Esto no va de echarse flores: más que virtud, lo considero un lastre.
En éstas, me encuentro releyendo al señor Kapuscinski, cuando choco con una observación muy muy interesante. Dice así: "Creo que para ejercer el periodismo, hay que ser un buen hombre o una buena mujer". Si se es una buena persona, explica, se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades y sus tragedias. Si sentimos un interés sincero por la historia que intentamos comprender, la gente se abrirá a nosotros y nos hablará. Tan sólo mediante esa empatía podremos obtener del otro la información que necesitamos.
El tío va y dice que 'los cínicos no sirven para este oficio'. Quizá sólo sean chocheos de un viejo periodista con una visión desfasada del mundo, pero no puedo evitarlo: de repente creo ciegamente en Kapuscinki. Sus palabras me dan esperanzas, me hacen sonreír.
domingo, 26 de octubre de 2008
martes, 14 de octubre de 2008
A vueltas con la objetividad
Ya desde el primer día, tratamos el tema: ¿Existe realmente esa cosa llamada objetividad? Jean- François Revel deja claro que en su opinión, sí.
Para mí, sin embargo, se trata de algo utópico, pero no por ello excluible. Por ética profesional y por moralidad, a la hora de enfrentarnos a cualquier tipo de acontecimiento, debemos tratar de ajustarnos lo máximo posible a la realidad de los hechos. Es cierto que todo tiene múltiples vertientes y puntos de vista, que la gama de grises es infinita, pero quizá por eso, una buena forma de acercarnos a la verdad, sea tratando de recoger el mayor número de matices. Porque la objetividad no es más que la suma de todas las subjetividades.
Es en este aspecto en el que concuerdo con Revel: al igual que la utopía, debemos buscar la objetividad, tratar de aproximarnos por todos los medios, no desecharla tan sólo por que parezca imposible llegar a ella.
Galeano decía, y creo que es bien aplicable al concepto del que hablamos: "Si yo camino 10 pasos, la utopía se alejará diez pasos. Si camino 20, se ubicará 20 pasos más allá. Bien sé que por mucho que ande, nunca la alcanzaré. Pero para eso sirve la utopía, para caminar"
Para mí, sin embargo, se trata de algo utópico, pero no por ello excluible. Por ética profesional y por moralidad, a la hora de enfrentarnos a cualquier tipo de acontecimiento, debemos tratar de ajustarnos lo máximo posible a la realidad de los hechos. Es cierto que todo tiene múltiples vertientes y puntos de vista, que la gama de grises es infinita, pero quizá por eso, una buena forma de acercarnos a la verdad, sea tratando de recoger el mayor número de matices. Porque la objetividad no es más que la suma de todas las subjetividades.
Es en este aspecto en el que concuerdo con Revel: al igual que la utopía, debemos buscar la objetividad, tratar de aproximarnos por todos los medios, no desecharla tan sólo por que parezca imposible llegar a ella.
Galeano decía, y creo que es bien aplicable al concepto del que hablamos: "Si yo camino 10 pasos, la utopía se alejará diez pasos. Si camino 20, se ubicará 20 pasos más allá. Bien sé que por mucho que ande, nunca la alcanzaré. Pero para eso sirve la utopía, para caminar"
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