El sábado pasado estrené la hora golfa del cine y me fui a ver Exit through the gift shop (Salida por la tienda de regalos). Se trata del documental dirigido por el grafittero anónimo más conocido del globo terráqueo: Banksy.
La cinta comienza con la voz distorsionada del artista diciendo "la historia va sobre un tipo que quería hacer un documental sobre mí y al final resultó que él era mucho más interesante que yo".
Alto ahí.
Cuando eres un artista, vivo (esto último, no es moco de pavo), un lote de pinturas tuyas puede alcanzar los 60.000 euros en subasta, tu obra la compra todo el famoseo holliwoodiense y hasta te encargan hacer una intro para los Simpsons, chico, nadie te culpará si la fama se te sube un pelín a la cabeza.
Si además tienes la posibilidad de hacer un documental sobre tu género artístico, ¿qué te impide dirigir una hora y media de oda a ti mismo?
Exit through the gift shop podría haberse convertido en eso. O, por qué no, en una crítica denodada de ese tipo del que Banksy habla al principio y al que dedica la cinta: Thierry Guetta, aka Mister Brainwash, mitómano trasnochado y plagiador con todas las de la ley que se hace de oro gracias a la copia sistemática de otros artistas.
Si nos ponemos, también podría haber sido una digresión pedante sobre la vacuidad del arte moderno. Sobre lo descabellado de pagar millones de cualquier divisa por un lienzo en el que aparece una raya y un punto.
Pero basta de lo que pudo haber sido y no fue.
En realidad, el documental tiene un poco de todo eso, pero está expuesto de una forma tan sutil y elegante que te marchas pensando: este Banksy tiene mucha, mucha clase.
Señores... pasen y vean.
Truman, Tom y otros chicos del montón
martes, 26 de octubre de 2010
sábado, 15 de mayo de 2010
Devaneos y veleidades de un lapicero
Por qué.
Hoy me lo pregunté. ¿De veras me enorgullece que me consumas día tras día?
Con un leve giro de muñera me arrancas a tiras la piel.
Dicen que no vendrán otros, que debo servir de simpre medio a un fin sublime.
Quedaré grabado sobre el piso que permite me adhiera a él.
Con delicadeza, me tomas de la cintura y recorres conmigo la geografía del papel. El crujido del grafito revela algo viejo y suave, como nuestra tranquila historia de amor, hecha de palabras y páginas y delirios y pláticas…
(En realidad, soliloquios)
"Todo el tiempo del mundo, eso es lo único que poseemos", me dijiste, escritor.
Hoy me lo pregunté. ¿De veras me enorgullece que me consumas día tras día?
Con un leve giro de muñera me arrancas a tiras la piel.
Dicen que no vendrán otros, que debo servir de simpre medio a un fin sublime.
Quedaré grabado sobre el piso que permite me adhiera a él.
Con delicadeza, me tomas de la cintura y recorres conmigo la geografía del papel. El crujido del grafito revela algo viejo y suave, como nuestra tranquila historia de amor, hecha de palabras y páginas y delirios y pláticas…
(En realidad, soliloquios)
"Todo el tiempo del mundo, eso es lo único que poseemos", me dijiste, escritor.
martes, 20 de abril de 2010
No hay luz en Matongé
Clic clac, clic clac. El ruido de sus tacones sobre el adoquinado la perturba y la fascina al mismo tiempo. Ya hace rato que amaneció en las calles de Bruselas.
Son las 9.10. El sol se despereza y estira sus rayos hasta casi tocarle la punta de la nariz. Clic clac, clic clac. El ruido es hueco, como hueca es la calle desierta. Dónde están los comerciantes? Se trata, claro está, de que es domingo. Sólo el mercado de Puces crecerá y se reproducirá en la Plaza de Jeu de Bal.
El sol es rojo, los adoquines dorados. Clic clac, clic clac. Sus ojos se entrecierran a causa de la luz, sonríen con cansancio, porque se saben incapaces de dormir.
Y eso que tomó dos pastillitas de soñar. Y un poquito de polvo blanco. Y fumó un par de canutos. Y bebió hasta vomitar.
Y sigue caminando, clic clac, clic clac. Bruxelles mon amour, mon insomnie. El camión de la basura chirría con esfuerzo mientras engulle las bolsas de colores que se extienden sobre la acera.
Un pobre diablo en chandal se debate entre espasmos por seguir corriendo y finalmente desiste. Ella lo sobrepasa cuando intenta encontrar el resuello por enésima vez.
Los flics realizan con parsimonia el último test de alcoholemia de la noche. O el primero de la mañana.
Dos árabes vienen del sentido contrario. Ella cuenta en voz baja y tranquila (uno, dos, tres) Ahlan, jamila!
Voilà, los chicos son previsibles. No hay porqué sorprenderse. Tampoco que asustarse, cuando ya ha vuelto el día.
Clic clac, clic clac. Cruza el puente sobre la calle Gray. Las vías solitarias brillan con furia, afiladas, como inmensos monstruos de hierro. Cada tejado rojo y puntiagudo la saluda. Cada edificio de cristal refleja el azul límpido e improbable de este cielo que no es de aquí. Las grúas mastodónticas invaden y ensucian un poco la estampa. Una gaviota chilla inclemente. Una ventana se abre para decir bonjour al nuevo día.
Bruselas se despierta en la mañana dominical.
Son sólo las 9.30 y hace mil años que dejó Matongé.
Son las 9.10. El sol se despereza y estira sus rayos hasta casi tocarle la punta de la nariz. Clic clac, clic clac. El ruido es hueco, como hueca es la calle desierta. Dónde están los comerciantes? Se trata, claro está, de que es domingo. Sólo el mercado de Puces crecerá y se reproducirá en la Plaza de Jeu de Bal.
El sol es rojo, los adoquines dorados. Clic clac, clic clac. Sus ojos se entrecierran a causa de la luz, sonríen con cansancio, porque se saben incapaces de dormir.
Y eso que tomó dos pastillitas de soñar. Y un poquito de polvo blanco. Y fumó un par de canutos. Y bebió hasta vomitar.
Y sigue caminando, clic clac, clic clac. Bruxelles mon amour, mon insomnie. El camión de la basura chirría con esfuerzo mientras engulle las bolsas de colores que se extienden sobre la acera.
Un pobre diablo en chandal se debate entre espasmos por seguir corriendo y finalmente desiste. Ella lo sobrepasa cuando intenta encontrar el resuello por enésima vez.
Los flics realizan con parsimonia el último test de alcoholemia de la noche. O el primero de la mañana.
Dos árabes vienen del sentido contrario. Ella cuenta en voz baja y tranquila (uno, dos, tres) Ahlan, jamila!
Voilà, los chicos son previsibles. No hay porqué sorprenderse. Tampoco que asustarse, cuando ya ha vuelto el día.
Clic clac, clic clac. Cruza el puente sobre la calle Gray. Las vías solitarias brillan con furia, afiladas, como inmensos monstruos de hierro. Cada tejado rojo y puntiagudo la saluda. Cada edificio de cristal refleja el azul límpido e improbable de este cielo que no es de aquí. Las grúas mastodónticas invaden y ensucian un poco la estampa. Una gaviota chilla inclemente. Una ventana se abre para decir bonjour al nuevo día.
Bruselas se despierta en la mañana dominical.
Son sólo las 9.30 y hace mil años que dejó Matongé.
domingo, 21 de febrero de 2010
Radiografía de un encuentro
Las puertas se abren una vez más. El vagón va atestado, como siempre.
Él entra vestido de domingo aun siendo martes; incluso se ha puesto un clavel en la solapa de la chaqueta. En el bolsillo derecho lleva un pequeño ratón muerto y a medio descongelar. En el bolsillo izquierdo, la carta de amor de una octogenaria. Los calcetines van desparejados, uno negro y otro azul, ya que no se atrevió a encender la luz por no despertarla, a Ella, Inminente Ex Novia.
Augustina, en su silla de ruedas al fondo del salón de verlaTelevisiónyjugaraldominó, lo ha recibido con una sonrisa plagada de agujeros negros, pero igualmente grandiosa. Querido primer Novio. Visita semanal del Gran Amor. Es igualito a Faustino y como la nebulosa senil le impide recordar el paso de los años, Miguel decidió en un momento dado no romper el entusiasmo de la vieja, que lo mira con gratitud infinita mientras discuten los detalles de la boda que al parecer nunca llegó a materializarse. Después, lee sus cartas entusiastas y las contesta sacando toda la vocación romántica que no puede emplear con su actual pareja.
Ella es eminentemente práctica. Ella se ríe de las cartas que él le escribía cuando comenzaron a salir. Ella estudiaba Éconómicas para dinamitar el sistema desde dentro. Ahora lo hace para empezar a trabajar en la empresa de su, ejem, amigo Julio.
El ratón es para la Iguana. Presiente que pronto ambos deberán mudarse. Miguel trata de sonreír, pero no puede.
La otra Ella, la que va estrujada junto a la puerta, lleva una enorme bolsa de Prenatal, a juego con su panza redonda y voluminosa. El destino del contenido, una silla de bebé para el coche, no es el auto en sí, sino la tienda en sí. Valeria ya no tiene coche, tiene una carta de Inminente desahucio en su bolso de Prada. El cual, probablemente, también tenga que vender. Los bebés comen mucho, cagan mucho y gastan mucho, y por algo hay que empezar. El corazón del tamaño de un garbanzo latiendo veloz en su vientre es lo único que tiene y lo único que importa. Debería sonreír, pero no le sale.
Las puertas se abren una vez más. El vagón va atestado, como siempre.
Entran tres músicos que se apiñan como pueden, dando codazos respetuosamente para hacer sitio a los instrumentos y a la música. Y comienzan con un clásico:
"Sóooooolo le piiiiido a Dios... que la Guerra no me seeea Indifereeeeente...."
Miguel sólo le pide a Dios, si es que tal cosa existe, que la Inminente ExNovia no le deje. Valeria sólo le pide a Dios seguir siendo fuerte. Sus miradas se cruzan. Se produce un momento de esos que, por la obligada proximidad, sólo se dan en el subterráneo. Un guiño de complicidad. El chico vestido de domingo mira a la chica preñada a la que nadie ha cedido su sitio. No se conocen, pero ambos compadecen al otro y se envían una sonrisa de ánimo. Los Inminentes quedan en un discreto segundo plano.
Por un instante, las cartas duelen un poco menos.
Él entra vestido de domingo aun siendo martes; incluso se ha puesto un clavel en la solapa de la chaqueta. En el bolsillo derecho lleva un pequeño ratón muerto y a medio descongelar. En el bolsillo izquierdo, la carta de amor de una octogenaria. Los calcetines van desparejados, uno negro y otro azul, ya que no se atrevió a encender la luz por no despertarla, a Ella, Inminente Ex Novia.
Augustina, en su silla de ruedas al fondo del salón de verlaTelevisiónyjugaraldominó, lo ha recibido con una sonrisa plagada de agujeros negros, pero igualmente grandiosa. Querido primer Novio. Visita semanal del Gran Amor. Es igualito a Faustino y como la nebulosa senil le impide recordar el paso de los años, Miguel decidió en un momento dado no romper el entusiasmo de la vieja, que lo mira con gratitud infinita mientras discuten los detalles de la boda que al parecer nunca llegó a materializarse. Después, lee sus cartas entusiastas y las contesta sacando toda la vocación romántica que no puede emplear con su actual pareja.
Ella es eminentemente práctica. Ella se ríe de las cartas que él le escribía cuando comenzaron a salir. Ella estudiaba Éconómicas para dinamitar el sistema desde dentro. Ahora lo hace para empezar a trabajar en la empresa de su, ejem, amigo Julio.
El ratón es para la Iguana. Presiente que pronto ambos deberán mudarse. Miguel trata de sonreír, pero no puede.
La otra Ella, la que va estrujada junto a la puerta, lleva una enorme bolsa de Prenatal, a juego con su panza redonda y voluminosa. El destino del contenido, una silla de bebé para el coche, no es el auto en sí, sino la tienda en sí. Valeria ya no tiene coche, tiene una carta de Inminente desahucio en su bolso de Prada. El cual, probablemente, también tenga que vender. Los bebés comen mucho, cagan mucho y gastan mucho, y por algo hay que empezar. El corazón del tamaño de un garbanzo latiendo veloz en su vientre es lo único que tiene y lo único que importa. Debería sonreír, pero no le sale.
Las puertas se abren una vez más. El vagón va atestado, como siempre.
Entran tres músicos que se apiñan como pueden, dando codazos respetuosamente para hacer sitio a los instrumentos y a la música. Y comienzan con un clásico:
"Sóooooolo le piiiiido a Dios... que la Guerra no me seeea Indifereeeeente...."
Miguel sólo le pide a Dios, si es que tal cosa existe, que la Inminente ExNovia no le deje. Valeria sólo le pide a Dios seguir siendo fuerte. Sus miradas se cruzan. Se produce un momento de esos que, por la obligada proximidad, sólo se dan en el subterráneo. Un guiño de complicidad. El chico vestido de domingo mira a la chica preñada a la que nadie ha cedido su sitio. No se conocen, pero ambos compadecen al otro y se envían una sonrisa de ánimo. Los Inminentes quedan en un discreto segundo plano.
Por un instante, las cartas duelen un poco menos.
lunes, 18 de enero de 2010
Amor en tiempos del blog
Caí por casualidad, lo prometo, no quería verlos.
Admito que buscaba saber un poco más sobre ti,
pero nunca pretendí aterrizar
en tus desvelos, en tus miedos o en tu dolor.
Ahora me siento una intrusa.
Sé, de una forma difusa,
velada aunque consciente,
que los versos han sido publicados,
que al parecer a ti
no te importa desnudar tu historia…
Para mí, sin embargo,
ha resultado tan violento
que casi me he sonrojado.
Ha sido como hurgar entre los papeles del amado
y encontrar secretos que no deseaba conocer,
no por miedo:
tan sólo por respeto y pudor,
por no quebrar la veneración distante
que te profeso.
Así que ahora me siento sucia.
Convertida en una especie de amante no correspondida,
una de esas personas
que saben demasiado sobre el ser admirado
y acaban confundiendo fantasía y realidad.
Creen conocer al otro,
sienten una proximidad, una cercanía y una intimidad con él
que raya en el amor cotidiano,
ese que es viejo y suave y profundo.
Sólo que, en realidad, tal intimidad no existe.
Te prometo que yo ya no escribía sobre soledad
ni sobre tristeza.
Tampoco lo hacía ya sobre amor.
No sé, entonces, por qué despiertas en mí
una ternura brutal,
un deseo entrecortado e irreal,
una admiración profusa.
Un leve atisbo de celos por compartirte con alguien
(y no sé con quién; quizá, incluso una ausencia);
un dolor sordo y pasajero cuando pido que aparezcas
y no estás.
Creo que es por la mezcla de esa mirada límpida
y, casi imperceptible, tu olor.
Lo capto sólo a veces,
cuando te detienes a mi lado
un instante más de lo debido,
y vuelves a caminar.
Entonces llega una vaharada;
si estoy atenta, la puedo aspirar
antes de deshacerse en el aula.
Hueles a hombre pulcro, metódico y triste.
¿Quién gesta tal indiferencia?
¿Cómo se puede sentir desprecio o frialdad
ante esos ojos que son verdad, que son ilusión?
¿Acaso mienten tus ojos?
Me invade una pena infinita
al descubrir que sufrías.
Que no eras feliz.
No quería saber a quién amas.
Quién dejó de sufrir por ti.
He sido una intrusa.
Caí en ellos por casualidad, lo prometo,
no deseaba verlos.
Admito que quería saber un poco más de ti,
pero nunca pretendí aterrizar
en tus versos, en tus miedos y en tu dolor.
Sin embargo, tampoco es justo que
cuando había conseguido ser tan vieja,
me conviertas de nuevo en una niña
que escribe cartas de amor.
Admito que buscaba saber un poco más sobre ti,
pero nunca pretendí aterrizar
en tus desvelos, en tus miedos o en tu dolor.
Ahora me siento una intrusa.
Sé, de una forma difusa,
velada aunque consciente,
que los versos han sido publicados,
que al parecer a ti
no te importa desnudar tu historia…
Para mí, sin embargo,
ha resultado tan violento
que casi me he sonrojado.
Ha sido como hurgar entre los papeles del amado
y encontrar secretos que no deseaba conocer,
no por miedo:
tan sólo por respeto y pudor,
por no quebrar la veneración distante
que te profeso.
Así que ahora me siento sucia.
Convertida en una especie de amante no correspondida,
una de esas personas
que saben demasiado sobre el ser admirado
y acaban confundiendo fantasía y realidad.
Creen conocer al otro,
sienten una proximidad, una cercanía y una intimidad con él
que raya en el amor cotidiano,
ese que es viejo y suave y profundo.
Sólo que, en realidad, tal intimidad no existe.
Te prometo que yo ya no escribía sobre soledad
ni sobre tristeza.
Tampoco lo hacía ya sobre amor.
No sé, entonces, por qué despiertas en mí
una ternura brutal,
un deseo entrecortado e irreal,
una admiración profusa.
Un leve atisbo de celos por compartirte con alguien
(y no sé con quién; quizá, incluso una ausencia);
un dolor sordo y pasajero cuando pido que aparezcas
y no estás.
Creo que es por la mezcla de esa mirada límpida
y, casi imperceptible, tu olor.
Lo capto sólo a veces,
cuando te detienes a mi lado
un instante más de lo debido,
y vuelves a caminar.
Entonces llega una vaharada;
si estoy atenta, la puedo aspirar
antes de deshacerse en el aula.
Hueles a hombre pulcro, metódico y triste.
¿Quién gesta tal indiferencia?
¿Cómo se puede sentir desprecio o frialdad
ante esos ojos que son verdad, que son ilusión?
¿Acaso mienten tus ojos?
Me invade una pena infinita
al descubrir que sufrías.
Que no eras feliz.
No quería saber a quién amas.
Quién dejó de sufrir por ti.
He sido una intrusa.
Caí en ellos por casualidad, lo prometo,
no deseaba verlos.
Admito que quería saber un poco más de ti,
pero nunca pretendí aterrizar
en tus versos, en tus miedos y en tu dolor.
Sin embargo, tampoco es justo que
cuando había conseguido ser tan vieja,
me conviertas de nuevo en una niña
que escribe cartas de amor.
miércoles, 1 de abril de 2009
Abulia
No es nada, no es nadar, es nadear.
Al contrario que nadando, nadeando te ahogas.
Eres una sirena varada en las rocas.
Eres una bulímica sin ganas de vomitar.
Te dejas el alma en casa y ni siquiera pasas a recogerla.
O se te cae al suelo, y olvidas que debes volverla a guardar.
Eres bruma en verano.
Eres algo roto que alguien olvidó arreglar.
¿Para qué?
Vas de paquete en un maletero cualquiera.
Eres la cornisa en la ventana, a la que se agarra el suicida y decide no saltar.
Y si suena el teléfono? Noooo.
La apatía gana a las ganas. Estás partida. No sabes llorar. Las lágrimas, si caen, caen con desgana, no se molestan ni en mojarte la cara.
Las horas se vuelven ceniza, como mates
(y matan poco a poco)
Ya no queda de esa cosa que se llamaba…¡cómo se llamaba?
Ilusión…
y vuelta a la carga.
Una semana nadando
Seis nadeando
Así cómo vas a flotar.
Al contrario que nadando, nadeando te ahogas.
Eres una sirena varada en las rocas.
Eres una bulímica sin ganas de vomitar.
Te dejas el alma en casa y ni siquiera pasas a recogerla.
O se te cae al suelo, y olvidas que debes volverla a guardar.
Eres bruma en verano.
Eres algo roto que alguien olvidó arreglar.
¿Para qué?
Vas de paquete en un maletero cualquiera.
Eres la cornisa en la ventana, a la que se agarra el suicida y decide no saltar.
Y si suena el teléfono? Noooo.
La apatía gana a las ganas. Estás partida. No sabes llorar. Las lágrimas, si caen, caen con desgana, no se molestan ni en mojarte la cara.
Las horas se vuelven ceniza, como mates
(y matan poco a poco)
Ya no queda de esa cosa que se llamaba…¡cómo se llamaba?
Ilusión…
y vuelta a la carga.
Una semana nadando
Seis nadeando
Así cómo vas a flotar.
martes, 27 de enero de 2009
El otro Tom y los 4 tipos de informadores

Muy a cuento de "Estrellitas de Holliwood", el artículo que José Ángel Mañas ha escrito para Punto de Encuentro (autopromo! autopromo!), hoy he tenido la oportunidad de comprobar hasta qué punto el escritor tiene razón.
Resulta que he asistido a la rueda de prensa de Valkiria, con todo el despliegue de medios que ello supone. La sala del Ritz en la que se celebraba estaba hasta la bandera.
Tom Cruise (wohhhhhh, etc.) llega rodeado de guardaespaldas más o menos voluminosos y se sienta. A su lado, el señor guionista, Christopher McQuarrie. Y comienzan las preguntas.
Aquí entran en juego los cuatro tipos de periodistas:
-El frívolo lameculos, que, desgraciadamente, suele ser la ("oh, Tom, estás taaaaaaaan guapo en la película...eres un actor brillante"). Disculpa, pero, ¿dónde está la pregunta?
-El pseudo-cachondo ("eres un hombre de acción, no utilizas dobles, igual que yo, jeje, y sin embargo, nunca te haces ni un rasguño: explícame cómo lo haces, ¡a mí siempre me parten la cara!"). Muy gracioso pero, según mi corta experiencia, los actores de Holliwood tienen un sentido del humor bastante escaso y, por cómo tuercen el gesto en una incómoda sonrisa, sospecho que la mayoría de las veces no captan el humor patrio (el cual tampoco es que sea demasiado inteligente).
- El listillo ("según tengo entendido, el presupuesto fue kdjdfglj y la documentación para la película consistió en dsklfjf y la pregunta es dikjlkj"). Vale, la finalidad de este tipo de preguntas es, más que ahondar en la cuestión de fondo, demostrar cuáaaaaaanto sabe este informador. Por lo general, la respuesta aporta muchísima menos información que la propia pregunta.
- Finalmente, el exaltado. Este tipo, por lo visto, es el que más abunda en el círculo madrileño. Su actitud consiste en indignarse de forma pública y notoria ante cualquier vicisitud que se presente, del estilo de: un móvil sonando en la sala, otro compañero periodista que se levanta al formular su pregunta y tapa por breves instantes al actor o actriz (ésta es la peor afrenta que puede hacérsele a un cámara), una pregunta de índole personal no contestada o un retraso de diez minutos en el Photocall.
El resultado es el esperado por los organizadores: no hay preguntas incómodas en ningún momento. Las respuestas del actor son, invariablemente, contestaciones genéricas, válidas para cualquier pregunta, que se quedan en cuatro ideas:
- Me encanta hacer películas
- Vivo para el cine y para mi familia
- Todos estábamos muy comprometidos con este proyecto
- Tratábamos de dar a conocer esta historia a la gente
Pues eso, una concreción que tira de espaldas.
Lo peor es que creo que, para llegar a esa genialidad, el señor Cruise cuenta con un amplio número de asesores. Como ellos no pueden sentarse en la mesa (cantaría un poco), MacQuarrie se lanza en su ayuda y contesta por él cada vez que el actor se queda con la boca abierta y la mirada perdida tratando de dar respuesta a las intrincadas preguntas que le formulan.
Sí, Mañas, los actores resultan decepcionantes (los periodistas, un poco, también).
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