Caí por casualidad, lo prometo, no quería verlos.
Admito que buscaba saber un poco más sobre ti,
pero nunca pretendí aterrizar
en tus desvelos, en tus miedos o en tu dolor.
Ahora me siento una intrusa.
Sé, de una forma difusa,
velada aunque consciente,
que los versos han sido publicados,
que al parecer a ti
no te importa desnudar tu historia…
Para mí, sin embargo,
ha resultado tan violento
que casi me he sonrojado.
Ha sido como hurgar entre los papeles del amado
y encontrar secretos que no deseaba conocer,
no por miedo:
tan sólo por respeto y pudor,
por no quebrar la veneración distante
que te profeso.
Así que ahora me siento sucia.
Convertida en una especie de amante no correspondida,
una de esas personas
que saben demasiado sobre el ser admirado
y acaban confundiendo fantasía y realidad.
Creen conocer al otro,
sienten una proximidad, una cercanía y una intimidad con él
que raya en el amor cotidiano,
ese que es viejo y suave y profundo.
Sólo que, en realidad, tal intimidad no existe.
Te prometo que yo ya no escribía sobre soledad
ni sobre tristeza.
Tampoco lo hacía ya sobre amor.
No sé, entonces, por qué despiertas en mí
una ternura brutal,
un deseo entrecortado e irreal,
una admiración profusa.
Un leve atisbo de celos por compartirte con alguien
(y no sé con quién; quizá, incluso una ausencia);
un dolor sordo y pasajero cuando pido que aparezcas
y no estás.
Creo que es por la mezcla de esa mirada límpida
y, casi imperceptible, tu olor.
Lo capto sólo a veces,
cuando te detienes a mi lado
un instante más de lo debido,
y vuelves a caminar.
Entonces llega una vaharada;
si estoy atenta, la puedo aspirar
antes de deshacerse en el aula.
Hueles a hombre pulcro, metódico y triste.
¿Quién gesta tal indiferencia?
¿Cómo se puede sentir desprecio o frialdad
ante esos ojos que son verdad, que son ilusión?
¿Acaso mienten tus ojos?
Me invade una pena infinita
al descubrir que sufrías.
Que no eras feliz.
No quería saber a quién amas.
Quién dejó de sufrir por ti.
He sido una intrusa.
Caí en ellos por casualidad, lo prometo,
no deseaba verlos.
Admito que quería saber un poco más de ti,
pero nunca pretendí aterrizar
en tus versos, en tus miedos y en tu dolor.
Sin embargo, tampoco es justo que
cuando había conseguido ser tan vieja,
me conviertas de nuevo en una niña
que escribe cartas de amor.
1 comentario:
Tanta carga emocional como talento querida Androide, una pena que actualices de uvas a ramos...
Es para crear expectación, verdad?
Con amor
Tu siempre fiel X/Y/Z que te aclama y te tira el sostén para que vuelvas a actualizar.
Publicar un comentario