
Muy a cuento de "Estrellitas de Holliwood", el artículo que José Ángel Mañas ha escrito para Punto de Encuentro (autopromo! autopromo!), hoy he tenido la oportunidad de comprobar hasta qué punto el escritor tiene razón.
Resulta que he asistido a la rueda de prensa de Valkiria, con todo el despliegue de medios que ello supone. La sala del Ritz en la que se celebraba estaba hasta la bandera.
Tom Cruise (wohhhhhh, etc.) llega rodeado de guardaespaldas más o menos voluminosos y se sienta. A su lado, el señor guionista, Christopher McQuarrie. Y comienzan las preguntas.
Aquí entran en juego los cuatro tipos de periodistas:
-El frívolo lameculos, que, desgraciadamente, suele ser la ("oh, Tom, estás taaaaaaaan guapo en la película...eres un actor brillante"). Disculpa, pero, ¿dónde está la pregunta?
-El pseudo-cachondo ("eres un hombre de acción, no utilizas dobles, igual que yo, jeje, y sin embargo, nunca te haces ni un rasguño: explícame cómo lo haces, ¡a mí siempre me parten la cara!"). Muy gracioso pero, según mi corta experiencia, los actores de Holliwood tienen un sentido del humor bastante escaso y, por cómo tuercen el gesto en una incómoda sonrisa, sospecho que la mayoría de las veces no captan el humor patrio (el cual tampoco es que sea demasiado inteligente).
- El listillo ("según tengo entendido, el presupuesto fue kdjdfglj y la documentación para la película consistió en dsklfjf y la pregunta es dikjlkj"). Vale, la finalidad de este tipo de preguntas es, más que ahondar en la cuestión de fondo, demostrar cuáaaaaaanto sabe este informador. Por lo general, la respuesta aporta muchísima menos información que la propia pregunta.
- Finalmente, el exaltado. Este tipo, por lo visto, es el que más abunda en el círculo madrileño. Su actitud consiste en indignarse de forma pública y notoria ante cualquier vicisitud que se presente, del estilo de: un móvil sonando en la sala, otro compañero periodista que se levanta al formular su pregunta y tapa por breves instantes al actor o actriz (ésta es la peor afrenta que puede hacérsele a un cámara), una pregunta de índole personal no contestada o un retraso de diez minutos en el Photocall.
El resultado es el esperado por los organizadores: no hay preguntas incómodas en ningún momento. Las respuestas del actor son, invariablemente, contestaciones genéricas, válidas para cualquier pregunta, que se quedan en cuatro ideas:
- Me encanta hacer películas
- Vivo para el cine y para mi familia
- Todos estábamos muy comprometidos con este proyecto
- Tratábamos de dar a conocer esta historia a la gente
Pues eso, una concreción que tira de espaldas.
Lo peor es que creo que, para llegar a esa genialidad, el señor Cruise cuenta con un amplio número de asesores. Como ellos no pueden sentarse en la mesa (cantaría un poco), MacQuarrie se lanza en su ayuda y contesta por él cada vez que el actor se queda con la boca abierta y la mirada perdida tratando de dar respuesta a las intrincadas preguntas que le formulan.
Sí, Mañas, los actores resultan decepcionantes (los periodistas, un poco, también).
1 comentario:
jeje, qué buena la clasificación.
Yo creo que esos periodistas son así de nacimiento y aprovechan la carrera para poner en práctica esos grandes dotes.
Basta con ir a cualquier charla/coloquio/preestreno de nuestra facultad y ver lo que hay.
Normalmente siempre se pierde el 98% del tiempo dedicado a las preguntas.
Yo ni siquiera lo llamaría preguntas. La mayoría de las veces se trata de tirarse el moco, "reflexionar" en voz alta y demostrar cuánto se sabe (lo cual jode un montón cuando quieres preguntar algo "de verdad" y se acaba el tiempo).
Pues eso, no me alargo más, que sino me convierto en uno de ellos xD. Un saludoo!
Publicar un comentario