Últimamente me sale el periodismo por las orejas. Y tanta objetividad me mata. Pequeña isla, pues.
¿Te acuerdas? Paseábamos sobre las hojas secas de finales de verano, aplastando tópicos. Porque, tú ya sabes que los árboles se desnudan en otoño: siempre me recordabas que vivíamos en un maldito lugar donde todo avanzaba al revés. Quizá era por eso que lo sentíamos retrasarse, el tiempo pasaba tan lento que alguna vez imaginamos que las agujas de mi reloj circulaban en sentido inverso. Y a quién le importa eso. Era este hecho lo que nos transportaba a un espacio y una dimensión únicas, a salvo de lo vulgar de la vida cotidiana, del resto de entes de los que nos vemos rodeados aún hoy.
Sabes también que es lo que más añoro ahora de ti, esa sensación de sosiego que va contigo donde quiera que estés, que se convierte infinitud de veces en el sustituto de la soledad, cruel compañera que nos empuja al fondo del precipicio a veces; aquella con la que, ya sabes, lucho cada día.
Tú me sientes fuerte, así me lo dijiste el primer día que me miraste y yo te sonreí con los ojos puestos en otra parte, sin sacarte de tu error; amagos de agradar a la gente, como siempre, en algo a camino entre la amabilidad y una hipocresía apenas perceptible, tal y como me han enseñado que debe ser. Como solía ser antes de encontrarte.
1 comentario:
No esperes grandes comentarios de grandes profesores. El blog es tuyo. Haz con él lo que más te apetezca.
Javier Mayoral.
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